jueves, 5 de marzo de 2015

De chopos y pensamientos




Se tumbada entre los chopos y mirando al cielo pasaba horas contemplando el tintineo de las hojas que parecían interpretar una melodía de colores, el viento las mecía de un lado a otro y ellas dejándose vapulear se erguían sabedoras de su belleza.

Aquél lugar era el refugio secreto de su nostalgia, el rincón de sus sueños imposibles, por ello, cuando los pensamientos invadían su cabeza para estorbar el momento, encendía su pequeño reproductor y dejaba que la voz de Bianca Castafiore  hiciera vibrar  el temperamento de los robustos chopos recobrando, de ese modo, la simbiosis perdida.

Aquella tarde se levantó una brisa suave que se tornó violenta, las hojas de los chopos comenzaron a agitarse con furia, el sol se replegó detrás de las nubes tiñendo la tarde de un gris anodino, comenzaron a caer gruesas gotas de lluvia que rebotaban juguetonas sobre las hojas de los chopos, allí tumbada contemplaba el espectáculo hasta que comenzó a sentirse intimidada por la intensidad con la que las gotas caían, se levantó y se echó su pequeña manta sobre la cabeza, el aire olía a tierra mojada, aspiró con fuerza sintiendo como su cuerpo se embriagaba,  extendió los brazos  tirando de las puntas de la manta y empezó a girar sobre si misma mirando al cielo, la lluvia empapaba su cuerpo pero ella continuaba girando con la mirada en las infinitas copas de los chopos que se movían amenazantes como si le estuvieran riñendo a las nubes, de repente oyó gritar a su pensamiento ¿qué ha sido verdad en él?, ¿qué ha sido verdad en él?, calló de rodillas exhausta al suelo mientras su pensamiento le repetía una y otra vez ¿qué ha sido verdad en él?, ¿qué ha sido verdad en él?, observó su pequeño reproductor ahogado por el agua y sujetándose la cabeza comenzó a vociferar all’ alba vinceró, vinceró, vinceró…

Veda Lontana 




viernes, 13 de febrero de 2015

Rémora




Quisiera arrancar la rémora que atrapa mi cerebro enredando mis pensamientos, quisiera que la calidez del sol penetrara en mi pecho para derretir el hielo que cubre mi corazón, quisiera que la tristeza, atrincherada en la morada que habito, fuera desahuciada, ¿es eso pedir mucho?, he vivido perdida el tiempo suficiente para entender que ya nunca lograré encontrarme, ¿acaso me culpas por ello? No soy capaz de recomponerme y vivo con el miedo permanente de romperme, si eso me sucediera, ya nada podría salvarme. ¿Entiendes ahora que no te quiera a mi lado? ¿Entiendes que no quiera ser una carga que lastre tu vida?  Mi corazón no puede albergar el calor de unos sentimientos que mañana puedan no existir, porque saltaría en mil pedazos y quedaría condenado a vagar en un mundo paralelo.  Vete y vive la vida que te pertenece sin mirar atrás, avanza, no te enredes en la nada porque eso es lo que yo soy, nada.

Me quedé callado sin saber que decir, sus ojos color avellana carecían de expresión, sentí un desasosiego interior difícil de explicar, ¿Cómo puedes decir esas cosas?
-¿Tan estúpido eres para no entenderlo?- ¡Vete! No quiero verte más.

En aquél momento sentí que mi cuerpo era de plomo, me quedé frente a ella sin poder moverme, sin poder articular palabra, me sentía estúpido de verdad. Dio media vuelta y salió corriendo, allí, parado como un pasmarote, la vi alejarse hasta que desapareció.

La llamé todos los días durante una semana, sin respuesta, la esperé en la puerta de su casa, sin verla, era como si se la hubiera tragado la tierra. Le escribí una larga carta donde le explicaba que yo la quería así, imperfecta, perdida, con una rémora en el cerebro, que nada de eso era importante para mí porque desde que estaba con ella había dejado de ser yo para comenzar a ser ella, que juntos podríamos pensar en su angustia para no enterrar la posibilidad de considerar una nueva experiencia. Que era cierto que en la existencia vital de pensar y de ser estamos solos, que nadie puede vivir por nosotros, como tampoco nadie puede morir por nosotros, que somos seres individuales pero formamos parte de un todo social, si vives solo para ti, le dije,  el vacío se tornará cada vez más profundo y caerás ineludiblemente en la mayor de las soledades para perderte definitivamente, no quiero que eso te suceda, por favor, déjame quedarme a tu lado.

Metí la carta en un sobre y la dejé en el buzón de su casa, esperé en vano alguna noticia suya, la seguí llamando hasta que un día saltó una locución que incansablemente repetía, este abonado ha cambiado de número, pasaron las semanas y yo me apostaba a la puerta de su casa con la esperanza de verla salir, pasaron los meses y una vecina me amenazó con llamar a la Policía si me seguía apostando allí, ¡esa chica a la que buscas ya no vive aquí!, me gritó y, cuando hubo pasado un año, era mi cerebro el que estaba atrapado por una rémora que enredaba mis pensamientos…

Veda Lontana






lunes, 2 de febrero de 2015

Hoy me acordé de ti


Hoy me acordé de ti y, en mi recuerdo, recobré tu miedo a ser torturado, recobré tus pesadillas y tus días de exilio. Hoy, me he quedado pensando en los hombre y he de confesar mi falta de capacidad para entender porque se devoran como lobos hambrientos. Hoy el mundo se me ha hecho más cuesta arriba que de costumbre al contemplar la pasividad de unos y la violencia de otros. Hoy he mirado desde mi ventana el horizonte anaranjado que el cielo ofrecía y he pensado, no oculto que con rabia, en los atardeceres que no has vivido, me he acostumbrado a tu ausencia por imperativo del destino, pero otra cosa es el recuerdo que te trae de nuevo a un mundo que ya no es el tuyo. Hoy he tenido ganas de correr por las calles gritando a un pueblo adormecido. Hoy te añoré y volví a releer las dos cartas que me enviaste, eso es todo lo que me quedó de ti, por tus compañeros supe que fuiste apresado y torturado hasta morir por no delatarles. Hoy me acordé de ti y, en mi recuerdo te veía en la trastienda de aquél taller clandestino donde limpié tus heridas. Hoy, después de todo lo sufrido, me gustaría que mi sueño no fuera utopía, me gustaría que la justicia no fuera la del que mas tiene, sino, tan solo justa. Hoy, solo quiero enterrarte con los tuyos y poner flores en tu tumba…

Veda Lontana

jueves, 22 de enero de 2015

Callejuelas, lluvia y enredos


Caminaba a paso ligero cruzando por las callejuelas del casco antiguo de la ciudad,  la noche era desapacible, el frío le dolía en la cara y la humedad amenazaba con querer traspasar sus huesos, una ligera llovizna comenzó a caer lo que hizo que aligerara su paso ya ligero, no eran más de las diez pero la inclemencia del tiempo propiciaba que apenas hubieran transeúntes por las calles. La llovizna comenzó a arreciar convirtiéndose en lluvia y calando su abrigo de paño que caía con todo su peso sobre sus hombros, sus pasos resonaban sobre los adoquines mientras el agua azotaba su cara helada, atravesó corriendo la calle tropezando con un adoquín suelto cayó y, quedó tendida en el suelo mojado, comenzó a reír de forma compulsiva mientras la lluvia se cebaba con su cuerpo, se levantó soportando el peso de su abrigo que le hizo perder el equilibrio cuando notó que unos brazos la sujetaban por detrás, dejó escapar un grito que violentó la noche e intentó zafarse de esos brazos que la apresaban con fuerza, se giró y se encontró frente a él,  pelo moreno, barba canalla, mirada seductora y rostro risueño, ¿pero tú sabes el susto que me has dado? le gritó -¿qué hacías tirada en el suelo?-, tomando un baño, -venga vamos vas a pillar una pulmonía- la cogió de la mano y aceleraron el paso; conforme avanzaban el sonido del blues inundaba sus oídos, John Hooker gritó ella y como si estuvieran sincronizados ambos gritaron al mismo tiempo, One Bourbon One Scotch One Beer, chocaron las manos por la coincidencia y comenzaron a correr, el agua caía sobre ellos incontinente, tan solo una calle los separaba de la buhardilla de él, ¿te quedaras conmigo esta noche o saldrás corriendo como haces siempre? depende, vamos corre ya llegamos ahora me cuentas de que depende. Se pusieron ropa seca y abrieron una botella de vino, bueno, ¿me vas a contar ahora de que depende que te quedes conmigo? de que mañana quieras que siga quedándome contigo y pasado mañana quieras lo mismo y al otro también para que este invierno no se convierta en el invierno de la desesperación, bebió un sorbo de vino y la besó intensamente, cogió su cabeza entre las manos y mirándola a los ojos le dijo, para mí fue la primavera de la esperanza, ahora estás aquí, puedes quedarte tanta noches como quieras lo único que deseo es que no quieras salir corriendo. Lo atrajo hacia ella y acarició su barba canalla, mojó el dedo en la copa de vino y lo pasó por sus labios que después lamió, desabrochó su camisa botón a botón mientras besaba su boca, posó sus manos en su torso descubierto que recorrió con dulzura hasta que lo hizo estremecer, se dejaron caer en el sofá enredados en besos, caricias piernas y brazos, si es necesario estaremos toda la noche enredados, le dijo al oído, así amanecerás a mi lado…

Veda Lontana