martes, 9 de agosto de 2016

Melodía rota


Aquella quesería estaba ambientada al más puro estilo francés, al atravesar sus puertas tuve la sensación de adentrarme en el pasado. Las lámparas, las fotos, la música, la iluminación, recordaban al París de los años 50, el París de artistas e intelectuales, de la moda y el glamour. Era un lugar pequeño, dispuesto a albergar parejas de enamorados que aún no han conocido la otra cara del amor. Ocupamos una mesa adaptada a cinco comensales, en clara desarmonía con el resto de mesas de dos que intercambiaban miradas de complicidad y dulces palabras. Al fondo, en uno de los rincones más bellos del local se encontraba sentado un señor de edad avanzada que alargaba el brazo acariciando el rostro del recuerdo que lo acompañaba.
Susurrando, por miedo a romper la magia que envolvía la estancia, les dije a Alicia, Mª Carmen, Elena y Teresa, ¿veis aquél señor que está sentado bajo las fotos del pianista y la diseñadora? Las cuatro volvieron la cabeza hacia el lugar, es Frederic Harpigny uno de los mejores pianistas del siglo pasado, su historia es apasionante, al tiempo que inquietante, de forma instintiva las cinco amigas se echaron hacia delante con la expectación propia de quién está preparado para albergar un secreto. Mi abuela Marcela fue testigo de cómo algunas cosas son más fuertes que el ser humano.
Aquella noche salió al escenario con aire indiferente, ajeno a los aplausos de las cientos de personas que llenaban el teatro, hizo un gesto con las manos indicando silencio, se sentó al piano y comenzó a interpretar la Balada nº 1 op. 23 de Chopin, que enlazó con el Tercer movimiento de la Sonata Patética de Beethoven continuando con el Segundo movimiento del concierto para piano en Sol Mayor de Ravel. Estaba ebrio de música, sus dedos volaban con maestría por las teclas del piano en una interpretación sublime, cuando sonó la última nota del Nocturno Op 33 de Fauré se puso en pie, durante unos segundos el silencio invadió el teatro, el público extasiado rompió en un clamor de aplausos ensordecedor, la gente se levantaba de sus butacas, Frederic se sintió abrumado e hizo amago de retirarse pero las ovaciones se sucedían impidiendo que lo hiciera.
Al día siguiente los titulares de prensa y la crítica eran unánimes, El Maestro ha vuelto, Gloria al Maestro, se detuvo ante un titular que por diferente llamó su atención, en grandes letras negras se podía leer ‘La resurrección de una leyenda’, estaba firmado por Marcela Fuentes y comenzaba diciendo "Algunas personas no saben recomponer su afectividad y a consecuencia de ello, llevan una vida errante, rota, sin brújula, que les acarrea más sinsabores que alegría, ésta ha sido la tragedia de una de las mayores leyendas del piano, un virtuoso de los últimos tiempos que tras cinco años de silencio anoche volvía a los escenarios, distante e indiferente con el público pero en una simbiosis perfecta con el piano, su negativa a conceder entrevistas nos deja sin respuestas, ¿dónde ha estado estos cinco años?"
A Frederic le molestó sobremanera que la tal Marcela Fuentes se inmiscuyera en su vida ¿Quién era ella para juzgarlo? ¿Qué sabía de su afectividad o de su vida?, dobló el periódico por la mitad y lo soltó sobre la mesa, cogió la taza de café entre las manos le dio un sorbo y mirando al infinito su mente retrocedió cinco años atrás para traer al presente su cuerpo bañado en agua teñida de un rojo intenso, había derramado la vida por sus venas y yacía inerte, pálida, serena.
En el suelo una nota, “Mi mayor temor siempre fue perder el juicio, quizás porque de algún modo sabía que el destino me lo tenía reservado, antes de que el entendimiento me lo impida te digo adiós Amor”.
Creyó enloquecer de dolor, la rabia atenazaba sus dedos impidiendo que pudiera tocar el piano y terminaba por aporrear sus teclas con desesperación, mi dulce ángel, mi amor, gritaba. Canceló los conciertos contratados lo que provocó que se sucedieran todo tipo de rumores acerca del fin de su carrera, incluso se llegó a especular con que fuera el causante del suicidio de su esposa. Frederic no quiso conceder entrevistas, ni ver, ni hablar con nadie, pasaba los días encerrado entre aquellas paredes donde estaba ella, su perfume, su barra de labios, su ropa, su colección de zapatos y sombreros, sentía que debía permanecer allí porque en cualquier momento podía volver y no encontrarlo. Cuando su mánager preocupado irrumpió en su casa se sobresaltó, Fréderic se encontraba en un estado lamentable, desaseado, demacrado, con los ojos hundidos, balbuceaba palabras incoherentes, le preparó una sopa de sobre que encontró en un armario de la cocina y después de que se la hubiera tomado lo ayudó a asearse. Ahora vamos a hacer la maleta le dijo, nos vamos de aquí, Frederic lo miró con cara de niño asustado, los ojos llenos de lágrimas, pero no dijo nada.
Sabía que había sido salvado de su propia irrealidad y que la realidad se cernía en su cabeza amenazante, cruel, inescrutable. Recordó aquella frase de película que ella siempre le repetía 'sé tan grande en tus actos como en tus pensamientos' y después añadía 'todo el mundo trata de realizar algo grande, sin darse cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas', esbozó una sonrisa al darse cuenta de que a pesar de ser un recuerdo a su mente afloraba su misma respuesta, 'en qué quedamos, ¿tengo que ser grande en mis actos o hacer cosas pequeñas?', sabes bien lo que quiero decir, había replicado ella y Fréderic atrayéndola hacia sí, besó repetidas veces sus labios diciendo, ¿son suficientemente pequeños estos besos? Tan pequeños como tu gran acto de amor, respondió ella. Recordando este pasaje Frederic se contemplo así mismo sonriendo por primera vez en mucho tiempo, se dio cuenta de que no le dolía el recuerdo, de que una vez más ella tenía razón, en su mente siempre habitaría la mujer inteligente, amante y compañera que había sido, no cabría un recuerdo lastimoso por la pérdida de raciocinio al que estaba abocada, sintió que sería posible convivir con sus negros pensamientos, todo se reducía a un equilibrio de colores, en su cabeza brotó la melodía rota que lo había atrapado y entendió porque sus dedos habían vuelto a acariciar las teclas del piano que con su dolor había maltratado.
El timbre del teléfono lo sobresaltó desvaneciendo sus pensamientos, se apresuró a descolgar, más porque se acallara que por deseo de contestar, apenas hubo descolgado una voz exultante gritaba al otro lado, éxito clamoroso querido Frederic ¡’Gloria al Maestro’! ¿Has leído la prensa? Mi teléfono no para de sonar, ya he cerrado tres conciertos para el mes de… Si, si, tranquilízate y dime ¿quién es Marcela Fuentes? Por favor Frederic no hagas caso de la prensa sensacionalista, disfruta del éxito, ¿me vas a contestar? Marcela no es más que una periodista entrometida ya sabes cómo son estas cosas.
No, no sé como son estas cosas ni que me estas ocultando, pero parece que tú la conoces bien, dime, ¿estoy en lo cierto?
Marcela es una periodista especializada en música, su amor por ella la llevó a estudiar musicología, le apasiona el piano y siente una gran admiración por ti. Durante estos cinco años ha sido la única persona de los medios de comunicación que se ha interesado por saber que era de tu vida, su insistencia en que le concedieras una entrevista y su interés me llevaron a reunirme con ella en alguna que otra ocasión, nunca te comenté nada porque sabía que no querías trato con la prensa, te puedo asegurar que Marcela no pretende perjudicarte ni remover viejas heridas, yo…
Frederic lo interrumpió, ¿pero no acabas de decir que no haga caso de la prensa sensacionalista y que es una entrometida? no es cierto, Marcela es una reputada periodista y entendida musical que estaría encantada de hacer un reportaje sobre tu trayectoria profesional, no haría mención a temas personales si tu no lo quieres, su respeto hacia tu intimidad está por encima de cualquier otra cuestión.
Tras un silencio incómodo que duro varios segundos Frederic dijo: está bien, si es tan importante para ti accedo a una primera entrevista con Marcela Fuentes y, si es tal y como tú dices, pensaré lo del reportaje. Tráela mañana a las 12h al estudio.
¡Gracias! Hoy es un día ¡maravilloso!
Lo que tú digas. Adiós
Al día siguiente, Marcela Fuentes se presentó a las 12 en punto en el estudio, Frederic interpretaba el Adagio, Concierto nº 3 en D menor BWV 974 de Bach, se quedó bajo el quicio de la puerta escuchando aquella dulce melodía, la emoción la embargó por completo, el lamento de las notas del piano era conmovedor.
Srta. Fuentes ¡está Ud. aquí!, si, escuché la música y
Adelante, adelante, le indicó el mánager, Fréderic se detuvo al escuchar sus voces poniéndose inmediatamente en pie, cuando llegaron a su altura le tendió la mano, Srta. Fuentes, ella tardó en reaccionar y justo cuando Frederic estaba a punto de retirar la mano se la tendió, perdón todavía estoy conmocionada.
Vamos, sentémonos allí, bueno explíqueme, ¿qué le ha causado esa conmoción?, ¿bromea? Estaba pensando la música, como usted debe saber bien, cuando se estudia la música, los manuscritos, los trabajos de los compositores, sus biografías, la relación entre la palabra y la música y entre la música y la sociedad, se aprende a pensar la música.
Basch realizó 22 transcripciones para teclado de conciertos compuestos por autores italianos y alemanes, las razones que lo motivaron no están claras, pero las virtudes educativas de ese procedimiento son indudables. La cantabilidad y claridad rítmica del Concierto BWV 974 se mantuvo intacta en esta transcripción pianística.
- Me asombra usted, no es habitual que nadie me hable de música, hacía mucho tiempo que no escuchaba la expresión ‘pensar la música’, lo ha definido a la perfección.
Marcela esbozó una sonrisa de complacencia e inmediatamente lanzó una pregunta evitando que Frederic dominara la situación.
Y dígame ¿cómo se sintió en su primer concierto después de cinco años de inactividad?
-Frederic no estaba dispuesto a ponérselo fácil
Creo que no está usted bien informada, he estado cinco años sin dar conciertos pero no inactivo.
Marcela carraspeó, claro, me refería a enfrentarse al público después de tanto tiempo.
-Mire, el público está en su sitio y yo en el mío, por tanto, no existe enfrentamiento.
¿Cómo ha vivido estos cinco años de aislamiento?
-¿Pero de dónde saca esas afirmaciones? no he estado aislado sino apartado de la vida pública, comprenderá que no es lo mismo.
¿Dígame, que le ha traído de vuelta a los escenarios?
- Sin duda, la incansable insistencia de mi amigo y mánager, al que usted bien conoce, Mauricio Salvatierra.
¿Qué proyectos tiene?, ¿Ha vuelto a componer?
-Bueno, en el mes de octubre comenzaré una gira por Europa que me mantendrá bastante ocupado. En cuanto a componer, no más que una melodía rota.
¿Cuándo podremos escuchar esa melodía?
- No llegará a interpretarse para el público
¿Pero como dice eso? ¡No puede privarnos de esa obra!
Frederic esbozó una sonrisa, puedo señorita Fuentes, puedo. Un instante de gozo  del corazón vale más que dos horas de placer de los sentidos, recuerde eso Srta. Fuentes, le dijo Frederic mientras se ponía en pie y le tendía la mano.
Ha sido usted muy amable concediéndome esta entrevista Sr. Harpigny.
Ha supuesto una grata sorpresa para mí que fuera usted musicóloga, un placer señorita Fuentes. El Sr. Salvatierra la acompañará.
Mauricio acompañó a Marcela a la salida, en cuanto se quedaron a solas le preguntó por esa melodía rota que había compuesto Frederic. Mauricio se sintió molesto, ¿acaso no entiendes? sí, claro yo creí que… Demasiado condescendiente ha sido contigo y tu afectividad. Marcela rió, creo que le he causado una grata impresión, espero noticias. Ciao.
Mauricio regresó con Frederic ¿qué te ha parecido Marcela?, tenías razón, ha encajado con profesionalidad mis envites y en todo momento ha sido correcta sin entrar en lo personal, ha demostrado inteligencia y además ¡ama la música!. Muy completa la señorita Fuentes.
 Mauricio sonrió, si, muy completa.
Marcela había salido exultante, se encaminó a toda prisa a la redacción del periódico para pergeñar la entrevista, al salir del ascensor chocó con Abby, ¡Marcela! te estaba buscando, toma las llaves de casa, salgo a cubrir el accidente del bus, nos vemos luego,
 -llevaré un buen vino para celebrar mi primera noche-,
¡genial!.
Marcela estaba de obras, la rotura de una tubería le había inundado el apartamento, Abby le había propuesto que se quedara con ella, se conocían algo más de siete años, el mismo tiempo que llevaban trabajando en la redacción, desde el primer momento habían congeniado muy bien, lo que las llevó a ser buenas amigas.
Cuando Abby llegó a casa, Marcela estaba en la cocina salteando unas espinacas con pasas, ¿qué es eso? que bien huele, pero no entiendo como tienes ganas de cocinar después del día que hemos tenido, yo soy más práctica he traído pizza. Cocinar me relaja y además me gusta, respondió Marcela. ¡Maravilloso! yo lo odio, ambas rieron con ganas y se sirvieron una copa de vino.
Dieron buena cuenta de las espinacas y la pizza charlando animosamente, casi habían acabado la segunda botella de vino cuando Marcela dijo: Abby creo que deberíamos irnos a dormir estoy oyendo un piano en mi cabeza.
Yo también lo oigo y no estoy en tu cabeza,
¿De verdad?,
Ven, te enseñaré algo, ¿ves aquella ventana? la de la casa del fondo.
Si
Pues ahí está tu piano
Abby estas borracha, no hay luz en esa ventana
Siempre toca a oscuras
No me lo creo,
Espera y verás
Cuando hubo terminado la pieza pudieron distinguir la incandescencia de un cigarrillo.
¿Lo ves?
Y ¿quién es ese hombre misterioso?
¿Qué te hace suponer que sea un hombre?
Yo, no lo sé, lo he dado por supuesto
Durante el día es como si nadie habitara la casa pero cuando llega la madrugada los quejidos del piano irrumpen en la noche como una pesadilla en el sueño, el lamento de las notas del piano te atraen como el Falutista de Hamelín a las ratas.
Pero que cosas dices
Ya lo comprobaras, vamos a dormir.
Si.
Marcela se metió en la cama pensando en el pianista misterioso, en su mente somnolienta brotaron las últimas palabras que Fréderic le había dicho y entre lo uno y lo otro en su sueño se mezclaron los desvelos de madrugada del pianista misterioso y el reflejo de lo que habitaba en su corazón.
Cuando despertó a la mañana siguiente estaba un poco aturdida, el inconfundible aroma del café la llevó hasta la cocina donde Abby cantaba a duo, La Bohème, con Charles Aznavour al tiempo que preparaba unas tostadas.
¡Buenos días dormilona!, antes de que Marcela contestara ya le había puesto una taza de café debajo de la nariz.
Marcela aspiró con fuerza su aroma, buenos días Abby,  ¿ya arreglada?
Sí, tengo que pasar por el hospital antes de ir a la redacción para ver cómo evolucionan los heridos del accidente de ayer,  me voy pitando, nos vemos allí.
Vale, conduce con cuidado.
Marcela terminó de beber su café junto a la ventana, su mirada instintivamente buscó la ventana del pianista. Cuando alcanzó la calle, dudó por un momento pero, su curiosidad la llevó a husmear por los alrededores de la casa, los cristales acumulaban la suciedad de lluvias y polvo pasados, la cancela de la entrada estaba oxidada y las adelfas crecían silvestres en la parte trasera, era una casa triste, sin vida, abandonada. Sonrió al recordar el piano que sonaba en su cabeza y no volvió a pensar en ello.
A media mañana recibió una llamada de Mauricio Salvatierra dando luz verde al reportaje sobre Frederic Harpigny.
Estaba pletórica y deseosa de iniciar la investigación, sabía que tenía un arduo trabajo por delante y que debía ser muy cauta si quería que se publicara.
El móvil comenzó a vibrar sobre la mesa, era Abby.
-Dime Abby
-Marcela no me esperes esta noche me envían a Santander por el homenaje a los fallecidos.
-Vale, ten mucho cuidado y que vaya bien. Ciao
-Ciao
Marcela llegó a casa exhausta, se dio un baño, se preparó un sándwich y encendió la televisión, no había nada interesante, por lo que, mientras parloteaban en la pantalla cogió el portátil y se introdujo en la Hemeroteca de la  Biblioteca Universal y Mundial en busca de noticias sobre Frederic Harpigny.
Descargó todo lo que encontró, conciertos, premios, fotografías, reseñas de obras publicadas…, ahora comenzaba la tarea más tediosa, clasificar, contrastar, verificar y comenzar a redactar, lo que le llevaría bastante tiempo.
Empezó por ojear las fotografías, amplió una de la recepción en la embajada francesa que se celebró unos diez años atrás cuando le fue otorgado el premio francés a la música clásica, junto a él había una mujer morena, esbelta y elegante, buscó la reseña a pié de foto, “el premiado compositor Frederic Harpingny junto a su esposa la diseñadora Margarite Callot “, sus ojos volvieron a posarse en ella, era una mujer extremadamente bella.
Fue clasificando las fotos por años, Margarite aparecía junto a Frederic en todas las galas, conciertos, premios, pero dejó de aparecer un año antes de su muerte. Colocó en mosaico y por fechas las fotos de los dos últimos años de aparición pública de Margarite, su mirada era triste y distraída, su aspecto más descuidado.
 Se quedó contemplando aquellas fotos e imaginando historias de lo que le pudo haber sucedido. El lamento de un piano la despertó, miró el reloj, las cuatro de la madrugada, se había quedado dormida en el sofá y apenas podía mover el cuello por la postura, el piano seguía con su lamento rompiendo el silencio, se acercó a la ventana, sin pensarlo dos veces corrió escaleras abajo, cruzó la calle, abrió la cancela oxidada y aplastó la nariz contra el cristal de la ventana, el piano seguía lamentándose, pero allí no se veía nada.
Se quedó de pie frente a aquella ventana hasta que sonó la última nota del piano, en la oscuridad, la incandescencia de un cigarrillo alumbró ligeramente el interior, acercó la cara de nuevo al cristal sin divisar nada, a su espalda la cancela de la puerta golpeo contra la verja a la vez que producía un desagradable chirrido, dejó escapar un grito, la brisa rodeó su cuerpo y un estremecimiento le erizó el vello. Salió corriendo de allí y no se detuvo hasta que hubo cerrado la puerta de casa tras ella.
Al día siguiente, le contó lo ocurrido a Abby
-¿Y no viste a nadie?
-No, la incandescencia del cigarrillo parecía flotar en el aire
- Esta noche pienso colarme en la casa
- ¡Voy contigo!, dijo Abby
Cuando el piano comenzó a sonar se aprovisionaron de linternas y se dirigieron hacia la casa, la cancela estaba entreabierta, al empujarla se produjo un desagradable chirrido, por lo que entraron de costado evitando hacer ruido. Marcela le hizo señas a Abby para que la siguiera a la parte trasera de la casa, el día anterior había visto una ventana que sería fácil abrir.
Se metió la mano en el bolsillo y sacó una cucharilla de café, con la parte trasera a modo de palanca manipuló el cierre de la ventana y ésta se abrió.
¿Dónde has aprendido eso?
Ya te lo contaré, vamos dentro.
Encendieron las linternas y fueron orientándose con el sonido de la música, cuando estuvieron a la altura de la estancia las apagaron y avanzaron despacio hacia el interior. Las notas que brotaban del piano amortiguaban las pisadas en la madera que gruñía bajo sus pies, era un salón amplio, sus miradas se dirigieron instintivamente hacia la ventana, en ese momento la melodía cesó y comenzó a sonar el Requiem de Mozart, Abby se estremeció y encendió la linterna, un haz de luz recorrió el salón, no había nadie, junto a la ventana una sábana cubría lo que por la forma parecía un piano ¿de dónde sale la música? no lo sé, dijo Marcela, sigamos buscando.
Fueron recorriendo estancia tras estancia mientras se escuchaba la interpretación al piano del Réquiem, entraron en una habitación amplia, al fondo había un vestidor que daba paso a un baño,  cuando comenzaron a cruzarlo el canto fúnebre empezó a sonar con mayor potencia expresiva, la puerta del baño se cerró bruscamente provocando el sobresalto de ambas que dejaron escapar un grito.
Abby, salgamos de aquí, ahora lo entiendo, el arranque, en un tristísimo Re menor nos traslada a un limbo palpitante, lleno de claroscuros sobrenaturales, el empleo del contrapunto y el estilo fugado significan la inexorabilidad de la muerte, el Réquiem de Mozart se ofrece como una superación de la materia pasional, ¿no lo ves?
-Marcela no entiendo nada de lo que dices
Según la leyenda, Mozart compuso el Réquiem con la idea de que se trataba de su propio Réquiem encargado por un mensajero de la muerte.
- ¿Y qué tiene que ver eso con nosotras? ¿Quieres decir que vamos a morir? desde hace rato tengo la sensación de que nos vigilan y el miedo empieza a brotarme por todos los poros de mi cuerpo, no sé si en Re menor o mayor pero corre, salgamos.
Saltaron por la ventana por la que habían entrado mientras eran perseguidas por un Réquiem inquisidor, atravesaron la cancela del jardín a toda prisa y justo en ese preciso instante comenzó a sonar el Adagio in G Menor de Albinoni, una de las más hermosas melodías que se han compuesto.
Al llegar a casa estaban tan excitadas que no podían pensar, eran las cinco de la madrugada y sería imposible dormir, Marcela se dirigió a la cocina y se puso a hacer tortitas y a fundir chocolate mientras Abby sentada a la mesa de la cocina, improvisaba disparatadas explicaciones sobre lo acontecido.
Sorbieron el chocolate caliente y comieron las tortitas en silencio. Tenemos que averiguar quien vivía en esa casa Marcela.
Marcela seguía absorta en sus pensamientos sin prestar atención a lo que Abby decía.
¿Qué te pasa?, ¿por qué no dices nada?
La persona que vivía en esa casa sigue ahí esperando que él interprete su melodía rota.
Marcela esta noche dices cosas muy raras
Abby ¿no te das cuenta?, nada es casual, la música de madrugada, que al parecer solo oímos nosotras, la entrevista a Frederic, que yo esté en tu casa, ¡nada!.
-Marcela explícate mejor, por favor, empiezo a pensar que estás perdiendo la cabeza.
Margarite Callot,  es la clave.
-¿Quién es Margarite?, ¿quieres explicarme que está pasando?
Todavía no puedo, debo hacer algunas averiguaciones primero.
Abby protestó pero de nada le sirvió su insistencia.
Marcela estaba inquieta, en su mente, había formado un puzle cuyas piezas comenzaba a encajar. Salió muy temprano de casa y se dirigió a la cafetería ‘Entredós’ frente a la facultad, sabía que allí encontraría a su profesor de Patrimonio Musical.
-¡Marcela! qué alegría verte, ¿qué te trae por aquí?, porque no creo que hayas venido por el gusto de saludarme, las periodistas siempre vais detrás de algo.
Profesor Méndez, tan directo y madrugador como siempre, me alegro de verte. Vamos, sentémonos donde podamos conversar sin interrupciones.
-No irás a pedirme noviazgo bromeo el profesor
Hoy no, quizás otro día, replico Marcela divertida
Se sentaron a una mesa alejada de la barra y pidieron dos desayunos de la casa.
¿Y bien? ¿Qué pasa Marcela? Te noto nerviosa
Profesor Méndez, no sé cómo decirle esto, usted es amigo de Frederic Harpigny desde hace muchos años, necesito que
-Para Marcela, si lo que buscas es que interceda por ti para una entrevista, no lo haré, deberías saberlo.
No es eso, ya lo he entrevistado.
- ¿Cómo? ¿De verdad  has entrevistado a Fréderic?
Si, si y en estos momento estoy recopilando información para hacer un reportaje sobre él.
- Ja, ja, ja, ja, no me lo puedo creer y dime ¿cómo está ese ermitaño? 
De espaldas al mundo, comentó Marcela.
Profesor Méndez necesito que me cuente todo lo que sepa sobre la muerte de Margarite Callot.
-¡Marcela! siempre te he considerado una profesional, incluso me he jactado orgulloso de nuestra amistad ante mis amigos, me produce una gran decepción que vayas detrás de la desgracia de otros para obtener un triunfo personal, ¿crees de verdad que ese tipo de información encaja en un reportaje sobre un gran compositor como es Frederic?
Marcela fijo su mirada en el profesor Méndez, ¿cómo puedes pensar siquiera que haría algo así?, su voz sonó quebrada y dolida
- Marcela discúlpame, explícate, por favor
Marcela comenzó a relatar todo lo que había acontecido, que se había desplazado por unos días a casa de una compañera, que de madrugaba se escuchaba la melodía de un piano, que se habían colado en la casa abandonada por una ventana, que el réquiem las perseguía, etc, etc, supongo que ahora me dirás que he perdido el juicio.
-¿Dónde vive esa amiga tuya?
En la Urbanización La Paz
-Marcela, creo que estas en lo cierto, la lectura que haces del Réquiem es brillante el mensaje es claro, ¡Margarite sigue allí!, es extraordinario.
Cuando Margarite se suicidó Frederic se abandonó a su dolor encerrándose en aquella casa sin querer ver a nadie, era incapaz de tocar una sola nota y aporreaba el piano con rabia y desesperación, si Mauricio Salvatierra no lo hubiera sacado de allí, la locura se habría apoderado de él. Me contaba el bueno de Mauricio que cuando salió las lágrimas corrían por sus mejillas a borbotones, que se paró frente a la ventana como si estuviera despidiéndose de ella y dijo: Perdona mi  abandono amor pero, ¿cómo se puede abandonar lo que no se tiene?.
Desde entonces Frederic, no ha vuelto a pisar la casa, Mauricio le ha apuntado en  diversas ocasiones la conveniencia de retirar su piano Fazioli y traerlo al estudio, pero la respuesta de Frederic siempre ha sido la misma; puedes deshacerte de los muebles y los enseres de la casa pero déjale a Margarite el piano, yo le enseñé a tocarlo.
¿Te das cuenta Marcela?, Frederic siempre supo que Margarite habitaba la casa pero también que su amor lo volvería loco, ahora puedo entender la ausencia de notas que encierra su melodía rota.
¿Conoces esa obra?
-No, nadie la conoce
¿Entonces, porque dices que la entiendes? ¿Cómo una composición puede carecer de notas?
-En una ocasión en que visité a Fréderic hizo un comentario que me resultó bastante extraño. Cuando le pregunté en que estaba trabajando me contestó que en una melodía rota, ¿Una melodía rota? Repetí yo. A lo que él dijo con la mirada perdida, si amigo, la ausencia de notas rompe la melodía.
¿Y qué es lo que entiendes? No te sigo
- Marcela, ¿no lo ves? la melodía se rompe cuando falta la nota más importante en su vida, Margarite.
¡Claro!, por eso cuando lo entrevisté me dijo que esa melodía nunca vería la luz  y cuando protesté me espetó: Un instante de gozo del corazón vale más que dos horas de placer de los sentidos.
Profesor Méndez ¿está pensando lo mismo que yo?
-Creo que sí Marcela, nada de esto es casualidad.
Marcela y el profesor Méndez concertaron una cita para esa misma tarde con Mauricio Salvatierra, a él no le extraño que vinieran juntos pues sabía que Méndez había sido profesor de Marcela y les unía una buena amistad, le pareció normal que siendo éste amigo íntimo de Frederic, Marcela lo hubiera contactado.
Lo que si le extrañó, fue la insistencia en que tenía que ser esa misma tarde por la urgencia del tema a tratar, no imaginaba que querían de él, tan solo apuntaron que era un asunto relacionado con Frederic.
Mauricio tomó asiento en la cafetería donde se habían dado cita, como era su costumbre llegó con diez minutos de antelación, la puntualidad para él era importante, siempre decía que a las personas se las mide por su puntualidad en la vida, que es la mejor forma de saber el respeto que nos tienen; en cierto modo no le faltaba razón.
A las cinco en punto Marcela y el profesor Méndez entraban en la cafetería, Mauricio sentado a una mesa frente a la puerta levantó la mano mientras se ponía en pie para recibirlos, ¡querida Marcela! que bien acompañada vienes, Marcela risueña bromeo ¿conoces al profesor Méndez? ambos se echaron a reír mientras se estrechaban la mano y se palmeaban la espalda de forma afectuosa.
Pidieron unos cafés mientras charlaban de cosas cotidianas, sin importancia, cuando el profesor Méndez con un tono de incredulidad dijo,  ya me ha contado Marcela que  Frederic le concedió una entrevista y dime, Mauricio, ¿cómo lo conseguiste?  -bueno, ya sabes lo reacio que es nuestro amigo a la prensa pero creo que, de algún modo, el artículo que Marcela publicó después del concierto fue un revulsivo que no sé si le produjo convulsión interior o curiosidad, lo cierto es que, no se lo puso nada fácil.
- Ya lo creo que no, dijo Marcela, tuve que morderme la lengua para no contestar sus improperios. Los tres rieron animosamente.
- Vosotros diréis en que os puedo ayudar
No es fácil contar esto Mauricio, sabes bien que ni Marcela ni yo nos atreveríamos a fantasear con algo que tuviera que ver con Frederic pero por inverosímil que pueda parecer es real y está ocurriendo y creemos que…, Méndez ¿quieres decirme que pasa de una vez?. Mejor será que te cuente la historia desde el principio, interrumpió Marcela, comenzó a relatar que una tubería de agua inundó su casa lo que provocó que se mudara a casa de Abby, que de madrugada el piano sonaba y ella creía que estaba en su cabeza pero Abby la había llevado a la ventana, que inspeccionó la casa abandonada, que ella y Abby se colaron dentro que el Réquiem las perseguía que habían salido corriendo… Marcela siguió explicando la interpretación de la música y como el profesor Méndez había estado de acuerdo en su lectura. El profesor tomo la palabra para seguir desarrollando la teoría que enlazó con la melodía rota y las palabras de Frederic al abandonar la casa, tú mismo me lo contaste ¿lo recuerdas?
-Mauricio tras un largo silencio alzó la mirada, su semblante se había transformado visiblemente, sus facciones mostraban rigidez, sus ojos habían perdido el brillo del encuentro, ¿no creéis que ya ha sufrido bastante como para enredarlo en una historia de fantasmas?, ¿Habéis perdido el juicio?
Lejos de achantarse o avergonzarse Marcela se mostró firme en su teoría y creencia de que Frederic debía despedirse de Margarite, ella no descansará hasta que él no lo haga, podemos seguir ignorando lo evidente pero el corazón de Frederic seguirá constreñido en el dolor de una ausencia que lo espera. Me gustaría estar equivocada, que nada de esto fuera cierto, pero créeme si te digo que lo debo intentar aún a expensas de que me llames loca.
Una vez más, Méndez se apresuró a reforzar  las palabras de Marcela, la actividad interactiva entre vivos y muertos no es muy común, pero en casos donde la muerte ha sido traumática o la persona ha dejado un asunto sin terminar suele ser el medio de comunicación para conectar con nosotros, ya sabemos que no es compatible con las percepciones, las creencias y las expectativas de lo que se espera de la realidad, pero ¿Cuáles son los fundamentos de la estructura de la realidad, el sentido y la finalidad última de cada ser?  Nos asusta todo aquello que desconocemos, todo aquello para lo que no encontramos explicación, pero el ser, o el ente, es infinito y eterno.
Es en Frederic  y en Margarite en quien pensamos, aunque no lo quieras creer.
Está bien,  concluyó Mauricio, en el fondo sé que estáis en lo cierto aunque la razón me impida admitirlo pero no será fácil que Frederic quiera escucharnos.
Los tres amigos convinieron organizar una cena informal en casa de Mauricio, habían pensado que sería mejor hacerlo en un sitio privado ya que no sabían cómo reaccionaría Frederic. 
El día convenido había llegado, Marcela estaba nerviosa pero sabía que debía   intentarlo aunque Frederic  se enfadara.
Llamó al timbre y casi de inmediato Mauricio abrió la puerta, querida Marcela siempre es un placer verte, pasa, pasa; Marcela tendió la mano entregando una bolsa con dos botellas de vino a Mauricio, ¡que tenemos aquí!, Mas Borràs Pinot Noir 2010, un crianza de las bodegas Torres, te quiero Marcela.
Mirad que nos ha traído nuestra adorable Marcela, voy por unas copas. Brindaron por la amistad y el futuro mientras se terminaba de hacer el solomillo Wellington con el que Mauricio los pretendía sorprender.
Señores, pueden sentarse a la mesa, la cena está lista.
¿Vaya, las señoritas no cenamos? Dijo Marcela con ironía
Para ti, mi querida damisela, reservo el mejor de los bocados y el sitio de honor. Mauricio se dirigió hacia el sillón donde estaba sentada y le ofreció su brazo al tiempo que le decía: ¿haría Ud el favor de acompañarme?
Será un placer
La llevó hasta la mesa y retiró su silla para que tomara asiento, permítame.
Es Ud todo un caballero
Méndez y Frederic  contemplaban la escena con diversión.
Dieron buena cuenta del solomillo Wellintong, de la ensalada, del queso y de la segunda botella de vino mientras discutían animadamente sobre que debía o no denominarse ‘música clásica’, El profesor Méndez hizo una brillante exposición sobre como para la sociedad este género englobaba toda la música no popular desde el barroco. Frederic mantenía que la música clásica era un tipo de ‘música culta’  compuesta en el periodo clásico.
Marcela discrepó del término ‘culta’ por entender que en el concepto moderno toda música es producto de una cultura entendiéndose por ésta el conjunto de ideas, creencias religiosas, ciencias, artes y costumbres que forman y caracterizan el estado social de un pueblo.
Mauricio no estuvo de acuerdo en aplicar un concepto moderno a la música clásica a pesar de entender que la música académica siempre ha sido influida por la música popular.
Para entender la música hay que saber quién la compuso, en que época vivió, cual era la influencia político-social del momento, además, hay que considerar cómo era el instrumento que se utilizó en esa época y para el cual se escribió la obra, cómo leer los símbolos e indicaciones, los ornamentos, etc., porque dependiendo de esto sabremos cómo interpretar la música para que Bach suene diferente a Mozart, a Chopin, a Debussy o a Bartók.
Así es,  replicó Frederic,  asintiendo  Méndez y Marcela con la cabeza, buena prueba de ello es el Réquiem de Mozar dijo Marcela, si no conociéramos la historia que lo envuelve no entenderíamos la intensidad de su composición.
No están claras las razones que motivaron a Mozart para componer esta obra, dijo Frederic, pero según su propia esposa estaba componiendo el réquiem para él mismo. La estructura de la obra es sin duda extraordinaria, el Introitus representa la actitud perfecta ante la muerte, su ritmo recuerda una marcha fúnebre. El Kyrie es una súplica desesperada de compasión, misericordia, piedad. El salto duriusculus que hace la melodía a las pocas notas de empezar expresa desesperanza, dolor y acaba la pieza con un dubitatio, una cadencia amarga, agria, confusa. El Sequentia es el bloque que anuncia el juicio final ante Dios, Mozart nos transmite una sensación de angustia, terror, pánico. El Recordare, la melodía se inicia con el dulce sonido de los cornos di bassetto, regalándonos una de las sensaciones más puras que tiene el réquiem. En el Confutatis, destaca el giro melódico simbolizando ira, indignación o venganza. La Lacrimosa, Mozart nos dibuja estas lágrimas con la figura de suspiratio, los suspiros los  simboliza con las notas que va haciendo la cuerda de dos en dos, en esta pieza justo en el compás 8 nos dejó para siempre.
Perdonad, que tonto soy, mi pasión por esta magistral obra me supera y vosotros conocéis todos estos detalles tan bien como yo.
-Es un lujo escuchar de tus labios como se estructura la obra, haces que la melodía resuene en mi cabeza al tiempo que la describes, dijo Marcela.
-Pero si no he desvelado nada que no sepas, como buena musicóloga que eres todos esos detalles no te pasan desapercibidos.
-Sí, pero la pasión que pones al hablar de la obra se asemeja a una gran interpretación, es superferolítica.
-Quién lo diría de una persona que no sabe recomponer su afectividad, ¿vedad Marcela? 
Mauricio y Méndez rieron de buena gana al tiempo que Marcela se ruborizaba y les lanzaba una mirada reprobatoria.
-Debo pedirte disculpas, Frederic, no estuve acertada emitiendo un juicio de valor sin conocer la realidad en profundidad, fue una torpeza imperdonable por mi parte, lo lamento profundamente.
-Bueno, bueno, en cierta medida tu juicio era acertado, pero jamás reconoceré haber dicho esto.
Todos rieron y levantaron sus copas para brindar por la recomposición de la afectividad.
Marcela depositó su copa encima de la mesa y miró a Frederic, debo decirte algo importante, algo que tiene que ver con Margarite. Frederic palideció al escuchar el nombre de Margarite y clavó su mirada en la de ella que se revolvió en la silla  sintiéndose un poco acoquinada, rápidamente comenzó a relatar todo lo que había sucedido desde que se rompiera la tubería de su casa y se trasladara a casa de Abby.
Contó como el piano sonaba de madrugada, como ellas habían entrado en la casa,  como el Réquiem las había perseguido y se había puesto furioso cuando intentaron entrar en un baño al final de un vestidor, contó cómo habían tenido que salir corriendo asustadas e intimidades y como interpretando los movimientos del Réquiem había entendido que se trataba de un mensaje.
Fue en ese momento cuando empecé a valorar que podía tratarse de tu casa, había   indicios suficientes para así pensarlo, me puse en contacto con el profesor Méndez que me confirmo que estaba en lo cierto y tras contarle todo lo sucedido estuvo de acuerdo en pensar que el Réquiem era un mensaje a interpretar y que mi lectura era correcta.
Los ojos vidriosos de Frederic se fijaron en un infinito invisible, hizo amago de decir algo pero se quedó callado mirando a la nada.
Mauricio, con el corazón constreñido, sintió que éste pudiera recaer en la atonía. Escúchame Frederic, tu malhadada lucidez se hace incapaz de coincidir con su propio yo condenándolo a una nostalgia que lo enferma con su inmovilidad anclada en el pasado, ¿acaso no lo entiendes? en el presente está lo inacabado y es ahí donde Margarite te ha estado empujando. Ella no es más que una existencia fuera de compás que el presente no puede fijar, que se pierde en la invisibilidad de los cinco años pasados, una existencia de futuro errante y perdido en un limbo de ensueño y fantasía de un ser evanescente.
Nosotros podemos cenar como esta noche, alegrarnos o entristecernos, podemos disfrutar de un concierto, ver una buena película o sumergirnos en la historia de un libro, podemos viajar, charlar, ir a la playa, en definitiva hacer todo aquello que hacen los que están vivos, porque ¿qué, sino eso, es la vida? ¿Acaso la muerte no es el precio que se paga por haber vivido?
- La vida es distinta ahora, nunca entenderé porque ella tuvo que morir y yo seguir viviendo, la muerte es la muerte y nadie la entiende, no es más que una danza macabra con la vida ¿pero sabes qué? amigo Mauricio, me falta valor para derramar mi sangre roja en el agua tibia de una bañera, si no hubiera carecido de ese valor habría tomado mi último baño como lo tomó ella. Si, Marcela, Margarite se suicidó en ese baño donde pretendías entrar.
Ella era una mujer tremendamente vital, le apasionada su trabajo, siempre decía que el buen diseño se caracteriza por su buena usabilidad y no siempre por su originalidad o estética. Cuando le preguntaban cual era el secreto para que sus diseños contaran con tan buena aceptación por el público contestaba: observar, analizar al ser humano descubriendo sus necesidades, evaluar, planear, proyectar, ver, construir y ejecutar, ese es el secreto de todo diseñador.
Con su constancia y talento Margarite había conseguido hacerse un hueco entre los mejores diseñadores de moda, su colección de ropa urbana cada año superaba al anterior. El año que lanzó su primera colección de complementos Margarite comenzó a tener trastornos de comportamiento, al principio lo achacamos al estrés generado por la tensión de la nueva colección, pero su humor comenzó a ser como una montaña rusa, igual estaba presa de una gran excitación que se encontraba deprimida e indiferente.
Visitamos a doctores de España y Francia pero todos coincidieron en el mismo diagnóstico Margarite padecía la enfermedad del Pick, la pérdida del interés, el aislamiento, el descuido de sí misma eran síntomas de una enfermedad que la devoraba desde dentro, los doctores nos dijeron que avanzaba muy deprisa y que pronto perdería la memoria, la palabra, la comprensión, el juicio, el raciocinio, el reconocimiento; era una aparición precoz de síntomas de demencia.
A Margarite no le asustaba la muerte, lo que realmente le asustaba era convertirse en un ser perdido, un ser sin juicio, sin raciocinio, sin memoria, sin palabra, un ser sin ser del que todos se compadecieran. Cuando los síntomas se fueron agudizando decidió que era el momento de quitarse la vida antes de perder el raciocinio y convertirse en un ser atrapado en la nada y postrado en una cama.
Aunque quisiera, no podría culparla, ella tenía razón, a mi recuerdo siempre llega esa mujer arrolladora y vital, esa mujer a la que tanto amé y sigo amando. Ella  sabía que no aceptaría que se quitara la vida, sabía que lo era todo para mí, que dejaría a un lado mi afamada carrera para dedicar todo mi tiempo a cuidar de ella.
Cuando Margarite perdía la fluidez de las palabras era yo quien las ponía en su boca, ella se daba cuenta de mi sufrimiento al ver como se esforzaba por encontrar todo lo que se iba borrando en su cabeza, no decía nada, tan solo me miraba y sonreía. Debí haber adivinado que algo así pasaría, debí haber estado allí aquella noche en que ella insistió en que diera aquel concierto pero, por otro lado, ¿no es egoísta querer retener a alguien que acabará postrado en una cama sin conocerse ni conocerte?, me he hecho esta pregunta muchas veces, tantas como me he culpado por dejarla sola aquella noche pero al final he comprendido que a pesar de mi gran dolor, era ese el momento en que debía morir. Se fue con la razón intacta para poder arropar mi dolor, ahora lo sé, al igual que ella sabe que estoy listo para seguir caminando hacia la muerte, espera mi adiós, un adiós de melodía rota que nos pertenece a los dos. Sabía que no podría aplazar por mucho más tiempo este momento, pero es tan duro dejarla ir de nuevo, me siento como un niño que queda huérfano, desamparado, temía que si contaba que Margarite seguía aquí me tomaríais por loco, pero ahora me doy cuenta de que Marcela tiene razón, nada es casualidad, Margarite os ha traído hasta mi para que mi orfandad no lo sea.
Hace unos días tropecé con un libro que Margarite había dejado sobre mi mesa de trabajo el día de su muerte, en él había un separador con una leyenda de Aristóteles que decía “La amistad procura al hombre una ayuda frente al aislamiento”, el libro era de Epicuro, lo abrí por donde apuntaba el separador, subrayado con lápiz rojo se podía leer:Sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera los demás bienes, porque la prosperidad no sirve de nada si se está privado de la posibilidad de hacer el bien, la cual se ejercita, sobre todo, respecto de los amigos. Asimismo, en los infortunios se considera a los amigos como único refugio.”
Estas cosas eran típicas de Margarite, siempre tenía una frase para cada momento,  ¿os dais cuenta? el amor es el impulso más poderoso que existe en el ser humano, ella me conocía bien, sabía que la soledad interior que me provocaría su falta me perdería en mi,  en estos últimos años me he preguntado, que clase de sensación es el olvido, tenía miedo de olvidarla si la dejaba ir, sin duda, la falta de superación del sentimiento de separación es propia de la existencia humana pero ahora sé, que se puede llorar sin olvidarse de reír.
Los seres vivos interpretamos nuestro propio concierto ¿pero que nos diferencia? podemos dudar de la existencia del Espíritu, pero también podemos afirmar que la espiritualidad es consubstancial al ser humano. Sin embargo, no hemos dudado de que Margarite estaba entre nosotros, la lógica de la razón no ha sido capaz de desechar nuestro pensamiento, ¿pero es una realidad o es lo que queremos creer? nos empeñamos en buscar respuestas a las últimas preguntas de la vida y quizás la única respuesta sea aquella que nos hace sentir bien sea realidad o ficción.
Me desconciertas, dijo Marcela, antes has comentado que te daba miedo decirnos que Margarite seguía aquí y ahora insinúas que todo es una proyección mental de lo que queremos creer, dime Frederic ¿cómo puedes explicar el Réquiem y las melodías de madrugada?, ¿Me vas a decir que todo ha sido una proyección de mi mente? En mi caso, no me unía ningún vínculo con Margarite, es más, ni siquiera la conocía ¿qué explicación tienes para esto Frederic?
- Querida Marcela, has relatado que en tu primera noche en casa de Abby después de dar cuenta de una buena cena y dos botellas de vino un piano sonaba en tu cabeza, ¿no es cierto?, Marcela asintió, después has relatado que te quedaste dormida en el sofá y te despertó, ¿cómo dijiste?, el lamento del piano, ¿fue así? Marcela volvió a asentir y que a la noche siguiente tu compañera Abby y tu os introdujisteis por una ventana, cometiendo un claro allanamiento de morada, dicho sea de paso, persiguiendo una melodía que ante vuestra presencia se tornó en un Réquiem inquisidor, ¿me equivoco? Marcela visiblemente ruborizada volvió a asentir.
La primera pregunta que me asalta es ¿por qué se te ocurrió que aquella casa donde de madrugada sonaba un piano podía ser la mía? El día que llegaste a casa de Abby fue el día en que por fin habías conseguido hacerme una entrevista, el día en que te habías quedado consternada pensando la música, las emociones vividas fueron muy intensas para ti, ¿me equivoco? –no, no te equivocas-, estabas eufórica en una casa extraña y un tanto achispada ¿cómo podías saber si lo que estaba ocurriendo era verdad o por el contrario te encontrabas en un mundo onírico producto de esas emociones vividas?.
Al día siguiente, el bueno de Mauricio te dio luz verde para realizar un reportaje sobre Frederic Harpingny, por fin veías hecho realidad uno de tus mayores deseos, no querías perder un minuto y te pusiste a recopilar información, a curiosear por las fotografías públicas que encontraste de Margarite y mías hasta quedar dormida entre ellas, ¿podrías afirmar que lo vivido era realidad y no ficción sin temor a equivocarte? Y por último ¿no se te antoja demasiado fantasiosa la idea de un Réquiem inquisidor?
Ahora os pregunto a todos, incluso a mí mismo, ¿cómo podemos diferencia la realidad que vivimos con respecto a la soñada? Si nos encontramos dentro de un sueño ¿cómo podemos saber que estamos soñando cuando los personajes del sueño tienen vida propia? Los sueños pueden llegar a ser tan reales que nos hacen confundir la realidad con la ficción.
-Sin duda, se apresuró a decir el profesor Méndez, todo podría haber sido un sueño continuado producto de una vivencia ansiada que se traduce en un reto profesional con la consiguiente sobredosis de excitación y ansiedad que ello conlleva y que el subconsciente libera en su sueño, pero por otro lado, hay una verdad incuestionable y real y es el hecho de que tu casa está frente a la de Abby y ese dato Marcela lo ignoraba cuando se instaló allí.
-Buena observación Méndez, confieso mi reticencia a creer en fantasmas dijo Mauricio pero esta historia vivida o soñada por Marcela ha resultado bastante creíble, las piezas han ido encajando a la perfección buena prueba de ello es que estamos aquí esta noche.
- Estoy de acuerdo con vosotros, yo afirmaría que todo lo vivido ha sido real, aunque el argumento de Frederic es bastante defendible, pero ¿quién puede aseverar que si todo fue un sueño, no lo fue dirigido por Margarite? Como bien dice Mauricio la realidad es que estamos aquí, o ¿quizás no lo estamos y esto también es un sueño?
- ¿Comprendéis ahora que ninguno de nosotros podemos afirmar la existencia de Margarite pero en contraposición tampoco podemos negarla? Frederic levantó su copa, ¡por Margarite! ella, sin importarle la incomprensión humana de los que aún estamos vivos ha sido capaz de unirnos, ¿no es extraordinario? Alzaron sus copas con cierta consternación y brindaron por Margarite.
Marcela permaneció en casa de Abby una semana más, durante esa semana no escuchó el piano una sola noche, cuando se disponía a marchar le preguntó a Abby si ella había escuchado de madrugada en la casa de enfrente un piano. - Marcela ¿de qué demonios me estás hablando?-  Yo, no, no es nada, es solo algo que soñé. –Y que crees, ¿qué yo viví tu sueño?, ambas amigas rieron, claro, que tonta soy.
¿Pero entonces? ¿Margarite  era un fantasma atrapado en la casa o no? Preguntó María Carmen.
Algunos meses más tarde, después de que se publicara el reportaje sobre la obra de Frederic Harpingny, Abby le contó a mi abuela que una noche, en que llegó a casa de madrugada, escuchó la melodía de un piano, era una melodía que impregnaba el aire de dulzura, sus notas se dejaban mecer por la brisa que las empujaba de un lugar a otro. Abby se quedó quieta sin poder moverse, como si la hubieran clavado al suelo, con la mirada fija en la ventana de la casa que estaba frente a la suya, sin saber la razón las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas pero, sin embargo, no era tristeza lo que sentía, la música envolvía su cuerpo, sentía que levitaba, era una sensación tan extraña como maravillosa.
¿Qué dijo tu abuela?
Marcela guardó silencio quedando atrapada en sus pensamientos, ahora sabía que estaba en lo cierto y se preguntaba hasta cuándo permanecería Margarite en aquella casa y si Frederic lo sabía.
Marcela, gritó Abby, ¿se puede saber que estas pensando? dime una cosa Abby, ¿puedes saber, que no estabas soñando? No hay diferencia en que todo sea un sueño o no lo sea.  Marcela, ¿Por qué me haces esa pregunta? Sé que no fue ningún sueño, yo estaba allí escuchando una melodía que me envolvía, sintiendo la brisa en mi cara, era algo real, te lo aseguro. ¿Pero cómo puedes estar segura? Pues de la misma manera que sé que ahora mismo estoy hablando contigo ¿o me dirás también que esto es un sueño? No, no te lo diré, aunque pensándolo bien, ¿quién pude afirmar que no lo es? Yo, yo puedo afirmar que no lo es y que la melodía que me atrapó en plena calle tampoco lo fue.
Marcela se quedó pensando en las palabras de Abby, la melodía que me atrapó, había dicho, como si se tratara de una fuerza de increíble poder que no se puede ver, una fuente de imaginería musical de rotura del tiempo hacia la desarmonía del ser que crea una ficción, una ilusión en la mente, un lazo de conexión entre lo humano y lo divino, entre lo terrenal y lo místico.
Marcela estaba eufórica, reía mientras repetía una y otra vez eso es, eso es.
Marcela ¿te has vuelto loca?  ¿Eso es, qué?
Marcela cogió a Abby de las manos y mirándola a los ojos, con una gran sonrisa en su rostro, dijo: eso es, una melodía rota.
¿Pero entonces?, si que estaba el fantasma de Margarite en la casa, ¿no?  Preguntaron las amigas. ¿Podéis afirmar sin temor a equivocaros que en este preciso momento no estáis soñando?
Veda Lontana






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