jueves, 22 de enero de 2015

Callejuelas, lluvia y enredos


Caminaba a paso ligero cruzando por las callejuelas del casco antiguo de la ciudad,  la noche era desapacible, el frío le dolía en la cara y la humedad amenazaba con querer traspasar sus huesos, una ligera llovizna comenzó a caer lo que hizo que aligerara su paso ya ligero, no eran más de las diez pero la inclemencia del tiempo propiciaba que apenas hubieran transeúntes por las calles. La llovizna comenzó a arreciar convirtiéndose en lluvia y calando su abrigo de paño que caía con todo su peso sobre sus hombros, sus pasos resonaban sobre los adoquines mientras el agua azotaba su cara helada, atravesó corriendo la calle tropezando con un adoquín suelto cayó y, quedó tendida en el suelo mojado, comenzó a reír de forma compulsiva mientras la lluvia se cebaba con su cuerpo, se levantó soportando el peso de su abrigo que le hizo perder el equilibrio cuando notó que unos brazos la sujetaban por detrás, dejó escapar un grito que violentó la noche e intentó zafarse de esos brazos que la apresaban con fuerza, se giró y se encontró frente a él,  pelo moreno, barba canalla, mirada seductora y rostro risueño, ¿pero tú sabes el susto que me has dado? le gritó -¿qué hacías tirada en el suelo?-, tomando un baño, -venga vamos vas a pillar una pulmonía- la cogió de la mano y aceleraron el paso; conforme avanzaban el sonido del blues inundaba sus oídos, John Hooker gritó ella y como si estuvieran sincronizados ambos gritaron al mismo tiempo, One Bourbon One Scotch One Beer, chocaron las manos por la coincidencia y comenzaron a correr, el agua caía sobre ellos incontinente, tan solo una calle los separaba de la buhardilla de él, ¿te quedaras conmigo esta noche o saldrás corriendo como haces siempre? depende, vamos corre ya llegamos ahora me cuentas de que depende. Se pusieron ropa seca y abrieron una botella de vino, bueno, ¿me vas a contar ahora de que depende que te quedes conmigo? de que mañana quieras que siga quedándome contigo y pasado mañana quieras lo mismo y al otro también para que este invierno no se convierta en el invierno de la desesperación, bebió un sorbo de vino y la besó intensamente, cogió su cabeza entre las manos y mirándola a los ojos le dijo, para mí fue la primavera de la esperanza, ahora estás aquí, puedes quedarte tanta noches como quieras lo único que deseo es que no quieras salir corriendo. Lo atrajo hacia ella y acarició su barba canalla, mojó el dedo en la copa de vino y lo pasó por sus labios que después lamió, desabrochó su camisa botón a botón mientras besaba su boca, posó sus manos en su torso descubierto que recorrió con dulzura hasta que lo hizo estremecer, se dejaron caer en el sofá enredados en besos, caricias piernas y brazos, si es necesario estaremos toda la noche enredados, le dijo al oído, así amanecerás a mi lado…

Veda Lontana    

viernes, 26 de diciembre de 2014

Tu mirada en el espejo


Cuando su mirada tropezó con la imagen que le devolvía el espejo un abigarrado tropel de sensaciones se agolparon en su mente, necesitó un tiempo para ponerlas en orden, para evitar extraviarse en la proyección que de si misma contemplaba, el reflejo de sus vivencias se marcaba en cada una de las arrugas que desdibujaban su rostro, la conciencia de la propia existencia le devolvía un recuerdo desvanecido de ayer,  se lavó la cara pretendiendo borrar toda huella pasada pero el espejo indolente a todo sentimiento siguió mostrando su rostro ajado, se miró a los ojos y se dijo a si misma ¿a quién pretendes engañar? …
Veda Lontana

viernes, 19 de diciembre de 2014

Desvelo de invierno


Apoyó la frente en la ventana y apenas la había posado la retiró hacia atrás al sentir como el helor del cristal recorría su cuerpo estremeciéndolo con un escalofrío, que diferentes eran los desvelos en verano pensó, donde la noche es cálida y por las ventanas se cuelan las voces de los enamorados que llegan al albor envueltos en risas y besos. Intentó atisbar la ventana del primer piso sin tocar el cristal pero no consiguió ver nada, aguzó el oído pero con esos recios cristales todo era silencio, se fue a la habitación, se puso unos guantes, un gorro y un abrigo, volvió a la ventana, la abrió de par en par y asomó la cabeza, allí estaba la incandescencia del cigarrillo pero los acordes del piano eran mudos, maldito invierno masculló, se dirigió a la cocina cogió un paquete de garbanzos y comenzó a lanzarlos en dirección a la ventana, su puntería era pésima, agarró un puñado y los tiró de golpe oyó como varios de ellos impactaban contra el cristal, la incandescencia del cigarrillo se acercó a la ventana, eh! aquí arriba, ¿pero te has vuelto loca? no, es que no puedo escuchar el piano, oír su melodía reconforta mi desvelo, se acurrucó en el sillón bajo la ventana y las notas comenzaron a invadir la madrugada abrigando su alma huérfana de sueño…

Veda Lontana 

viernes, 12 de diciembre de 2014

La inmortalidad del tiempo




Se despertó más temprano de lo habitual, esa mañana tenía cosas que hacer antes de ir a trabajar, salió de debajo del edredón nórdico de plumas que la escondía y el frío la abrazó sin compasión, sintió el deseo de volver a esconderse bajo las livianas plumas cómplices de sus sueños, corrió al baño, la casa estaba helada cogió una de esas batas que llaman de estar por casa del armario y se envolvió en ella,  a pesar de que era una prenda que no le agradaba se sintió reconfortada. Puso la cafetera al fuego y, mientras esperaba escuchar el gorgoteo del café saliendo y aspirar su embriagador aroma, se quedó mirando el calendario que colgaba del armario de la cocina, faltaban menos de veinte días para que el año caducara, para que fuera pasado, para que se convirtiera en historia; vivimos atrapados en la inmortalidad del tiempo, pensó, somos esclavos de nuestra propia mortalidad amaneciendo y anocheciendo al compás de los días que se repiten de manera infinita, cada comienzo de año hacemos promesas absurdas como si algo fuera a cambiar por el mero hecho de haber terminado de vivir los 365 días que constituyen un año, si no lo concibiéramos de ese modo estaríamos amaneciendo en el 366 día y no pasaría nada o pasaría todo, según sea nuestro destino, somos seres supersticiosos por temor a lo desconocido, necesitamos darle al botón de reinicio y creer que las cosas van a cambiar que al arrojar la copa contra el suelo nuestra suerte devendrá distinta, pero la realidad nos explota en la cara porque el tiempo no entiende de fechas ni reinicios, somos esclavos de los convencionalismos que nos rodean, la cafetera comenzó a gorgotear y un aroma a café invadió la cocina, aspiró con fuerza y despertó su pensamiento, vivamos este nuevo día se dijo y, comenzó a sorber su taza de amargo café...
Veda Lontana